Van Girls: ellas son viajeras

Cuando la periodista Nellie Bly dijo en 1888 en su periódico que quería dar la vuelta al mundo para hacer un reportaje no se lo pusieron fácil. El editor le dijo que para viajar necesitaría un guardaespaldas por ser mujer. También dijo que tendría que llevar tanto equipaje que le sería difícil moverse. “Sólo un hombre puede hacer ese viaje”, le dijo. La respuesta de Nellie fue clara: Muy bien, manden a un hombre. Yo saldré el mismo día desde otro periódico y le ganaré.”

Por suerte, muchas cosas han cambiado desde 1888, aunque aún queda mucho por hacer para reconocer el papel de las mujeres en la sociedad. En todos los aspectos de la vida, pero nosotros, por la parte que nos toca, hablaremos de historias viajeras. Este es un artículo sobre mujeres valientes. Nuestro pequeño homenaje a las viajeras intrépidas que quieren descubrir el mundo y nada se lo impide. Que lo disfrutéis, Van Girls.

El mundo en un Citroën 2CV

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Eva Serra y Ana Vega han renunciado a sus trabajos estables para empezar a descubrir el mundo en su Citroën 2CV de 1983. Desde agosto de 2015 están inmersas en un viaje que les está llevando a explorar lugares con los ojos y el corazón bien abiertos. Durante cuatro meses estuvieron recorriendo la mitad de Europa, con el objetivo de llegar a Estambul.

Se ganan la vida en la ruta a través de la economía colaborativa y trabajando en empleos temporales. Dicen que quieren desprenderse de “todo lo que no sea naturaleza, relaciones humanas, amor por la vida y por lo que hacemos.” En estos momentos están en su ruta asiática, que empezó por el Imperio Persa, Irán y ahora van camino a Asia Central.

En el momento de plantear su viaje, las dos se encontraban preguntándose por los sueños incumplidos y quejándose de sus vidas. Se unieron y decidieron hacer algo juntas que supusiera superar miedos y desapegarse de su comodidad. “Y eso hicimos. Tomar las riendas de nuestras propias vidas. Que nos pertenecen. Sólo a nosotras.”

Dos mujeres nunca viajan solas

Su compañero de ensueño es un Citroën 2CV. En la entrevista que les hizo Ágata Domínguez, recuerdan su mejor momento viajero: “conducir con el 2CV descapotado, por una sinuosa carretera al lado del mar (Mediterráneo, Adriático, Egeo, Negro…) cantando con la música a tope y un sol reluciente sobre nuestras cabezas.”

Cuando se les pregunta sobre la cuestión de viajar solas, hacen un apunte: “dos mujeres NUNCA viajan solas”. Dicen que claro que había miedos al iniciar el viaje: “miedo a fracasar, a perder, a que nos pasaran cosas que desconocemos, a un futuro incierto. Pero lo importante no es el miedo, sino reconocerlo. Porque cuando se reconoce, se puede dar el gran salto. Descubrir qué queremos. Saber quiénes somos.” Una historia para tomar nota ¿no? Puedes seguir su viaje en 2femmesen2cv.com.

Nellie Bly, la vuelta al mundo en 72 días

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Nellie Bly tenía 24 años en 1888. Trabajaba como periodista y un buen día le propuso a su jefe que la enviara a dar la vuelta al mundo. Quería hacer el mismo recorrido que Phileas Fogg, protagonista de “La Vuelta al Mundo en 80 días” y hacerlo en menos tiempo.

mujeres viajerasCuando explicó sus intenciones a su editor, la respuesta fue demoledora, según cuenta en su libro: “Es imposible que lo hagas”, fue el veredicto terrible. “En primer lugar eres mujer y necesitarías un guardaespaldas, y aún si fueras sola tendrías que llevar tanto equipaje que te sería imposible hacer movimientos rápidos. Además no hablas más que inglés, así que no tiene sentido discutir esto; solo un hombre podría hacerlo”. “Muy bien”, le respondí enojada. “Manden al hombre, yo saldré el mismo día desde otro periódico y le ganaré”.

Cuando inició su viaje, en noviembre de 1889, se subió a un barco con un vestido, un abrigo, algo de ropa interior y un botiquín. Se dispuso a recorrer 40.000 kilómetros alrededor del mundo. Llevaba 200 libras en el bolsillo en una bolsa acordonada al cuello. En su periplo, cruzó el canal de Suez, visitó Singapur, Hong Kong, China y Japón. La mayor parte del recorrido lo hizo sola y, por supuesto, marcó un récord: llegó a Nueva York 72 días después de su salida.

Annie Londonderry, la ciclista-anuncio

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Otra valiente librepensadora y periodista que dio la vuelta al mundo, esta vez en bicicleta. Y todo fue resultado de una apuesta en un club de Boston. La periodista no era, ni mucho menos, una ciclista experimentada. Pero le retaron a hacer la vuelta al mundo en quince meses y aceptó encantada. Hablamos del año 1894 y en aquella época Lonsonderry tenía 23 años.

Una empresa de agua le pagó 100 dólares por llevar su pancarta en la bici y porque adoptara el nombre de la marca de agua de manantial Londonderry Lithia. De este modo, Londonderry convirtió su propia persona en una marca publicitaria. En las ciudades por las que pasaba le cargaban con carteles publicitarios que ella acarreaba en su bici para financiar el viaje. Viajaba con un revolver y una muda de ropa y su aparición en cualquier población era todo un espectáculo.

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Aún en Estados Unidos, cambió la falda por unos pantalones bombachos y se hizo con una bici de hombre. Después se dirigió a Europa, pasó por Francia, Egipto, Jerusalén, Yemen, Colombo y Singapur. Regresó a América, donde siguió pedaleando hasta Los Ángeles, El Paso y Denver. Por el camino regalaba a la gente los relatos de sus viajes hasta que regresó a Boston, 15 meses después de salir. Ganó la apuesta de 5000 dólares.

Sara Miau se va con su Opel Signum

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Seguramente no hayas oído hablar de ella. Pero la historia de Sara es un relato de superación y vida que no podía faltar en este artículo. Sara es una chica como tú y como yo. Cuando era pequeña iba siempre de vacaciones con sus padres en caravana, pero en la vida adulta, todo se complicó un poco.

Pasó una temporada en empleos basura, encadenando contratos temporales y, cuando podía, haciendo alguna que otra escapada. “Esto es a lo máximo que aspiraba”, nos dice. “Llevaba una vida de mierda con la presión social de “no puedes dejar el trabajo” y “¿de que vas a vivir?” con jornadas de 9 horas y sin disfrutar ni un triste domingo ni festivo.”

Entonces, le apareció un bulto en el pecho, “el cuerpo es sabio, y cuando las cosas no van bien, por algún lado tiene que reventar.” Decidió operarse y el tumor que parecía benigno, resultó ser cáncer de mama. “A pesar del miedo que da todo esto… yo tenía un extraño sentimiento de felicidad, algo por dentro había cambiado. Esa presión social de la que hablaba antes, ya no importaba nada, sólo importa la vida y disfrutarla… y hasta ahora perdía la mayor parte amargada por un trabajo.”

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Tras operarse, decidió dejar el trabajo y hacer todo lo que siempre ha querido: “retomo mi niñez, esos viajes con mis padres visitando pueblitos. Eso es lo que quiero hacer. Viajar de un pueblo a otro y conocer bien mi tierra. El viaje va tomando forma, ya tengo un listado de cosas que hacer y un mapa con mil marcas y apuntes.”

En estos momentos está buscando furgo “como una loca, que me de la libertad e independencia que necesito y que se ajuste a mi escaso presupuesto”. De momento, y como está viendo que es complicado encontrar furgo, se ha puesto una cama en su Opel Signum y está más que dispuesta a empezar su aventura en abril. Sara nos deja un mensaje: “espero que mi historia os sirva a muchos para abrir los ojos y disfrutar de la vida como más os guste. ¡Ah! Y escucho ofertas de ¡furgos baratitas!”

Annemarie Schwarzenbach, la viajera triste

Adicta a la morfina, reportera, arqueóloga, escritora, lesbiana y atormentada. Todo eso era la suiza Annemarie Schwarzenbach, además de una gran viajera.

En 1939 viajó en automóvil desde Suiza a Afganistán junto a su gran amiga y experimentada viajera y periodista, Ella Maillart. Ambas buscaban respuestas vitales. Fue una experiencia “pre-hippie” en un viaje hacia Kabul que dio como resultado varios libros. Las dos mujeres acabaron plasmando sus experiencias en  “La voie cruelle”, escrito por Maillart, y que es un clásico de la literatura de viajes y Schwarzenback, en “Todos los caminos están abiertos”

Annemarie, sin embargo, no era una compañía fácil. Vivía una vida atormentada. Su adicción a la morfina, las crisis psiquiátricas y los amores tormentosos marcaron su vida. Su compañera de viaje acabó cansada de las crisis, desequilibrios y excesiva sensibilidad de Annemarie.

Schwarzenbach escribió otro libro sobre este viaje, “Muerte en Persia”, un relato en el que se mezcla el diario personal, la crónica de viajes, su autobiografía y también sus miedos y obsesiones. En 1942 murió en un accidente de bicicleta.

Todas ellas son historias que nos inspiran a seguir creyendo que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos. Sin importar si somos hombres o mujeres. Solo con el corazón limpio y la mente abierta.

#AllYouNeedIsRoad

 

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