Aprendizaje «on the road»: ¿se aprende más viajando?

se aprende más viajando

En cualquier viaje por breve que sea, se produce un crecimiento y un aprendizaje notable. En este artículo vamos a ver por qué «crecemos» más durante un viaje, por qué y cómo se aprende más viajando.

Es algo evidente. Volvemos de un viaje y es imposible no notarlo: nuestros y nuestras peques ¡han crecido un montón! ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué hablan más e incluso con otro vocabulario? ¿Por qué han descubierto alguna nueva habilidad, hecho uno o un montón de nuevos amigos y de repente les gusta el pimiento? ¿Qué sucede en el verano o en un viaje que pegan un estirón en todos los sentidos? ¿Se aprende más viajando?

Factores que marcan el aprendizaje en el viaje

Cuando termina el viaje, volvemos a lo conocido, que es donde podemos comparar y medir. Observamos todo lo nuevo que traemos y que somos en el lugar de referencia. Al reencontrarnos con las personas que solemos ver el resto del año, podemos valorar mejor los cambios producidos en nosotros mismos. Vemos los cambios al volver al origen porque es donde se vuelven evidentes.

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crecer en el viaje

La emoción

Has pasado 3 semanas, un mes o dos, realizando actividades diferentes, conociendo otras personas, visitando lugares que no conocías, durmiendo en otra cama, comiendo otra comida, adaptándote a situaciones que no se daban en tu día a día. Y esto nos pasa a mayores y pequeños. Vivir un periodo viajando en camper, sea más corto o más largo, es un viaje que se vive intensamente. Cuando vives con intensidad estás tocando directamente las emociones y el aprendizaje va ligado a la emoción. Aquí tenemos parte de esta ecuación del aprendizaje del viaje.

La calma

Por otro lado, está un factor que a menudo se nos olvida porque primamos la educación sobre el estado de la persona y al final lo liamos todo. Algo muy simple, algo que cuando lo ves ¡es tan obvio! Hablo de la calma. Para que el aprendizaje se produzca de manera efectiva, es decir, que te quede ahí para siempre, es muy importante el cómo sucede.

Te explico: imagínate en el cole o en el instituto. Puede que la sensación sea guay porque estás con los amigos, porque vas a hablar, a interaccionar y jugar, pero siempre hay detrás una sensación de alerta. Sí, de alerta. Por si te van a preguntar, porque deberías saber esto, por si no estudiaste suficiente («¿el examen era hoy?»),porque «¡ay! que no me toque salir a la pizarra, ¡nunca me sale la respuesta cuando me preguntan!”. Posición de alerta, aprendizaje por supervivencia. Y esto lo hemos vivido todos, por mucho que te gustara estudiar. 

¿Qué pasa en verano o en un viaje? Exacto, estamos relajadas. Atendiendo, precisamente a lo que nos llama la atención. Igual que en el cole, hay miles de cosas nuevas a nuestro alrededor cada día. La diferencia es que, primero, puedo elegir en qué fijarme y sobre qué hacer preguntas y, segundo, nadie me va a cuestionar si recuerdo las curvas que hacía el río cuando lo bajamos en kayak, aunque ¡seguramente me acuerde!

aprender viajando

Las preguntas que hacemos son lo más importante en el aprendizaje. No las respuestas, ¡las preguntas! Cuando nace una pregunta llega desde un interés que se ha despertado. Te has fijado, lo has analizado, entiendes parte o nada y, entonces, formulas tu pregunta. No hay espacio para esto en la escuela para la gran mayoría, ya que tenemos la energía puesta en no fallar. Pero en el viaje… Ya no es “primero educación”, a toda costa. Entre otras cosas, porque ya no se trata de la educación académica. El concepto se amplía y descubres que para llegar a un mismo concepto o aprendizaje hay más caminos posibles y que, probablemente, yendo desde la calma y la no expectativa, el aprendizaje será, al menos, más agradable. 

La seguridad

He dicho calma, pero con ella va la seguridad. Estás con tu familia, tus padres, tus protectores, solo para ti y tus hermanos o hermanas, en un tiempo que es para este equipo y lo que quieran hacer. Un tiempo libre de juicios. No se espera que al final del viaje hayas aprendido nada. Ni la ruta que has hecho, ni las ciudades, su arquitectura, calles o transportes, ni lo que ponía en aquel cartel de la estación de tren por la pasasteis, ni los árboles que viste, los valles ni los animales, ni el nombre de la señora a la que ibas a comprarle el pan en el camping de montaña donde estuvisteis cinco días. No se espera NADA. Pero lo recordarás TODO.

¿Te ha sonado algo de lo que he escrito? ¿Observas a tu hijas e hijos? ¿y en el viaje? ¿Crees en “primero educación” a cualquier precio? ¿Te gustaría saber cómo se extiende este aprendizaje de verano, de viaje o de escapada para que sea la forma de aprender? Seguimo en el siguiente artículo. Hasta entonces, obsérvales este verano y ¡deja espacio para sus preguntas!