El creador del #Vanlife: “lo estáis haciendo todo mal”

“Lo que más me molesta de la “VanLife” actual es que la gente está totalmente desinformada”.

Se suponía que el concepto Van Life no debía llegar a nada. De todos modos, eso no impidió que Foster Huntington lo inventara. En 2010, un joven de 30 años, criado en Portland (Oregón) y estudiante en la escuela privada Catlin Gabel, renunció a su reputado empleo de diseñador en la marca Ralph Lauren y dejó Nueva York, ciudad en la que vivía, para viajar por toda América en una Volkswagen Syncro del año 87. 

Más tarde, su nueva vida en carretera empezó a plasmarla en fotografías bajo el, según él, irónico hashtag #Vanlife, ya que lo usaba para denotar los momentos menos glamourosos de la vandwelling: “El hashtag #Vanlife surgió de una broma que comparaba el tatuaje del rapero Tupac, Thug Life, con la vida en furgo, sin más”.

Sin embargo, el hashtag de Huntington ya había cobrado vida propia en un, para entonces, poco conocido Instagram. En poco tiempo vio como superaba el millón de seguidores y como su figura, día a día, empezaba a representar una marca de estilo de vida milenaria, construida bajo amaneceres de yoga en la playa y noches despejadas en el desierto contemplando las estrellas. 

Ocho años después, Huntington reconoce haber entrado en conflicto con la estética nómada bohemia que él mismo ayudó a popularizar, a pesar de haberse beneficiado de ella personalmente. Su libro de fotografías sobre la vida en carretera en 2014, Home is where you park it, ya está ahora en su cuarta edición. Por el contrario su reciente actividad en Instagram sigue dejando claro que su #vanlife particular prefiere mostrarla vista desde la puerta de atrás. 

Su agenda sigue repleta de solicitudes en prestigiosas publicaciones como Cosmopolitan y Reader’s Digest, las cuales esperan que Huntington pueda venderles a sus lectores -y publicistas- las virtudes de la Van Life. Sin embargo, a estas alturas, Foster ya no está seguro de que queden muchas de ellas. 

Entonces, fuiste a la universidad, viviste en Nueva York un par de años trabajando para Ralph Lauren y decidiste dejarlo todo para entrar en una furgo. ¿Cuando se te encendió la bombilla?

Me acabé dando cuenta de que no amaba la moda. Trabajaba 70 horas a la semana. Iba a trabajar a las 8, me iba a las 7, me aseaba y volvía. Un día me pregunté qué iba a salir de todo aquello, así que pensé: ¿De qué sirve ganar tanto dinero a mis 30 años si mi vida está jodida? 

Ahorré un poco de dinero mientras comencé mi blog de fotografías, llamado “Burning House”. En él, los seguidores respondían con imágenes a una comprometida pregunta que les planteé: ¿Qué te llevarías si de repente tu casa entra en llamas? 

Pasadas unas semanas esto explotó y algunos medios de comunicación como el New York Times o la National Public Radio habían puesto sus ojos en mí. Más tarde, obtuve un adelanto de la editorial Harper-Collins, que me suponía más de lo que podía ganar en un año, y pensé: “Está bien. He terminado de trabajar”. 

Fue así como decidí que para el libro quería fotografiar a grupos de personas especiales y únicas que vivieran en una furgoneta, y pensé que comprarme una y viajar en ella sería un buen comienzo. En aquella época (2010), las furgonetas no eran ni remotamente lo que son ahora. Recuerdo cuando las miraba en el foro “Samba” y soñaba despierto con conseguir una. De repente, ese adelanto me lo permitió. 

Por otra parte, Instagram acababa de empezar y yo pensé: “Oh, podría tomar fotos y publicarlas allí”, ya que vi que nadie lo hacía. La gente publicaba fotografías de su café con leche y otras sandeces. Yo decidí publicar fotos de esta vida en la que había querido vivir. 

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías algo que podías convertir en un libro?

Llegó el día en el que tuve cientos de fotos de dulces camionetas que iba viendo por el camino, más allá de los vehículos específicos, y supe que eran suficientes para un libro. Creo que siempre me ha gustado más ser un creador de ideas que de reconocimientos. Estoy convencido de que podría ponerme un sombrero y decir: “soy el chico de la furgoneta”, pero ya ni siquiera tengo una. Ahora tengo una Honda CR-V”. 

¿Cómo te sientes ahora cuando hurgas en el hashtag ‘#Vanlife’?

Si eres creativo, una idea exitosa se convierte en cliché en algún momento. Supongo que eso fue hace cuatro años, cuando empecé a ver a la gente hacerlo y, a su vez, que todo empezara a perder sentido para mí. 

¿Qué es lo que se está perdiendo?

Siempre vi en la #Vanlife la respuesta a la condición humana en la que yo me encontraba. Fui a la universidad porque me lo pidieron. Conseguí un buen trabajo porque pensé que el dinero me haría feliz, pero no. La situación económica de nuestra generación está jodida, y si miras lo que está sucediendo a nuestro alrededor parece que todo va a empeorar aún más. 

De ahí mi interés en las furgonetas. Ese momento estaba enraizado en esta forma de ver el mundo. Es más barato vivir de esta manera que estar atrapado en un apartamento. Me atrajo poder plasmar todas estas nuevas experiencias propias, pero no veo ya que nadie se ocupe mucho de eso. Los medios de comunicación han sido engañados por unos supuestos influencers de Instagram que solo se centran en ganar dinero trabajando independientemente, incluso parejas que usan el sexo para vender colchonetas de yoga y cosas por el estilo. 

Es más o menos de lo que intentaste escapar tú en primer lugar… 

Sí, aunque ganara dinero con Instagram como influenciador el año pasado me pasé a ser cineasta. Es un momento difícil para ser una persona joven, aunque no se les puede juzgar por querer ganarse la vida vendiendo Kettle Chips o lo que sea, como dijo el artículo de The New Yorker. Este es un espectáculo fácil para la obsesión del promedio de conductores liberales de NPR (la radio pública estadounidense) que dicen: “¡Es una locura lo que hacen estos jóvenes, no tienen trabajo!”. 

¿Qué trabajo deberían tener?, ¿sabes cuánta gente conozco con una educación increíble que no encuentra la manera de encajar en el sistema?

Por todo ello, mi interés presente es con personas consideradas forasteras culturales, las cuales, de 30 a 60 años de edad, siguen rechazando la norma. No son de los que dicen: “Oh, esto es genial cariño. Vendámoslo todo y vamos a hacerlo”. 

Lo que más me molesta de la #Vanlife moderna es que la  gente no entiende el propósito. Esto tuvo un increíble impacto en mí y fue una de las causas por las que me interesara en fotografiar y exhibir vidas minimalistas basadas en camionetas en constante movimiento. Conocer a personas tan increíbles con vidas tan diferentes cambió mi forma de ver el mundo, y lamento que haya gente que se esté engañando a sí misma. 

¿Estas son el tipo de cosas que te preguntan en la mayoría de tus apariciones?

La verdad es que intento tratar de sacar el tema cuando puedo, pero no resulta ser la historia ‘sexy’. Existe una gran obsesión moderna por la microdosificación, es decir, existen elementos que han estado cerca de nosotros durante miles de años para cambiar nuestra consciencia y ahora están secuestrados por personas que solo creen que eso les hará más creativos en su trabajo publicitario. 

En mi opinión, es lo mismo que las personas que usan las camisetas con la imagen de Che Guevara. Es evidente que el capitalismo ha diseminado su virus y está reclamando lo que le pertoca, igual que las furgonetas: tan pronto la sociedad se dio cuenta de que podía ganar algo de dinero, perdieron de vista en primer lugar el propósito, es decir, lo que atrajo en un primer momento a personas como yo. 

En la actualidad, Huntington vive en una casa en el árbol en Washougal (Washington), construida por él mismo junto a unos amigos y así cumplir uno de sus sueños de infancia. Maneja su moto Honda CR-V y pasa la mayor parte de su tiempo haciendo películas en “Movie Mountain”, su estudio de animación stop-motion ideada para difundirla únicamente por Instagram. ¿Qué será lo próximo?