¿Cuándo empieza realmente la ida?

cuando empieza realmente la ida

Algunas personas deciden dejarlo todo, otras prefieren decir que lo han cambiado todo, otras se toman un break, una pausa, un descanso… Nosotros aún no sabemos lo que hemos hecho.

Sabemos que dejamos cosas atrás, en otros sitios, tiempos y dimensiones, vivencias que ya forman parte de otros calendarios. Pero no por rechazo a ellas, sino porque la vida nos está poniendo otras delante y hemos decidido cogerlas. La vida nos está catapultando hacia algo que no conocemos ni podemos decir qué será. Lo que si creo es que sin ese «todo» que queda atrás, hoy no estaríamos aquí.

Siempre me dieron miedo las vueltas y siempre me causaron curiosidad las «idas», dos polos opuestos que se atraen. Sin la una no existe la otra, sin embargo mis sentimientos siempre son de odio y amor hacia cada uno de ellas respectivamente. Nosotros ahora, en este extraño sentir y hacer nómada nos movemos en una IDA continua en la que no hay a corto plazo, ni a cercano destino, una vuelta explícita o programada.

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Lo que más me causa curiosidad de todo esto es cuándo empieza realmente una ida… Y para que entendáis la correlación de todo lo que digo, os dejo aquí un sentir escrito hace algunos años, en una ida que ya fue vuelta (aunque tampoco estaba programada), una ida que caló tan hondo y una vuelta que desgarró tanto, que quizá por todo ello hoy estoy aquí, sin saber lo que estamos haciendo realmente y con la agradable sensación de que la vida nos sorprenderá en muchos de sus múltiples trayectos.

idas y vueltas, del amor al odio

Abu Dhabi, 6 de Marzo de 2015

«No sabría decir en qué momento comenzó la IDA. Quizá en aquel camión camino a Texiguat, con la humedad de la selva ahogando mis poros, cuando en aquella complicidad conmigo misma y mi nahual durmiendo a la sombra de una ceiba, decidí jugar a soñar con Oriente un poquito, como si el hacerlo congelara el tiempo y ofreciese una vía menos dolorosa a la despedida.

O quizá empezó a engendrarse mucho antes, en el kiosco de malaquita, en el dorado palanquín, con los rebaños de elefantes y con la gentil princesita que era más bonita que la propia Margarita. Podría ser que la IDA se estuviese cociendo a fuego lento desde entonces, alimentada también por Hermann Hesse y Rudyard Kipling, y un millar de historias y anécdotas que tú nos contabas enunciadas en tono de esperanza, ilusión y un agrio sabor a estabilidad, facturas y responsabilidades.

Sé que fueron claves las cartas que llegaban periódicamente desde Anantapur, las cuáles leía de pe a pa, flipada por la caligrafía y la traducción, haciendo volar mi imaginación hacia el color, la forma y el tamaño de la mano que las escribía. Creando escenas precisas de cómo sería esa otra realidad de las que procedían: esa escuela, esa plantación de cacahuete, esas telas, esa familia…

La IDA pudo empezar en aquella película, en aquellos carnavales, en aquella conversación, en aquel concierto, en aquel artículo con aquella fotografía, o mismamente en aquel cromo intercambiado en medio de aquel recreo lluvioso. Aunque quizá la IDA solamente empezó a conformarse desde el momento en el que en hace tres meses, en esa cocina de nevera de las mil naciones, mantel de colores y mural brutal de fantasía, hice una lista de posibilidades, sopese los pros y los contras y tomé la decisión consciente de que me iba.

Y, quizá, si reduzco todo mucho más… Quizá la IDA empezó hoy mismo, en el momento en el que el primer avión despegó del suelo, dejándome suspendida en una angustiosa serenidad, des(a)pegada de todo, sólo durante un momentito, de manera muy vertiginosa.

Y es que la IDA es así, te despega, te arranca de cuajo, te empuja poco a poco y mucho a mucho, y la jodida nunca te permite ver dónde está el inicio, si es que se puede definir de manera específica, si es que se puede separar del todo que la compone… Holística pura es la IDA. Te escupe hacia tu destino (B), provocando que salgas de tu origen (A), antes o después, de una manera u otra, lo que acaba produciendo un cambio irremediable.

Y la línea recta, curva, gruesa, delgada y fina, larga y corta, opaca o transparente que separa y une A con B, es una cuerda floja dónde se nos está permitido hacer todos los malabarismos que queramos… Al fin y al cabo… (V)IDA sólo hay una ¿no?»

O.

Amante de la naturaleza, viajera empedernida y madre desde hace poco. Expresa sus sentires mediante palabras que a veces acaban siendo textos en @babyvanblog. Sueña con dar la vuelta al mundo. Actualmente está emprendiendo un estilo de vida nómada con su pareja, el hijo que tienen y una gata peluda y tricolor llamada Lola. Mientras viaja ofrece sus servicios de escritura, lo que más le gusta es el producto de "Relato Personalizado", indaga en su web para saber más. "La Gorda", una autocaravana del 89, es su hogar.