«D.D»: el despertar del decrecimiento

el despertar del decrecimiento

Nos hemos perdido. Nos hemos perdido como especie. Hemos perdido nuestra parte salvaje. La que acaba volviendo al lodo de los ríos, la que observa el cañón desde la buitrera y es capaz de oler la luna incluso cuando esta no se ve en el cielo.

Hemos estado en una línea ascendente de crecimiento desmesurada que nos ha tapado los instintos, los ha mermado, los ha dejado a ciegas, invisibles y noqueados. 

Nos han «invitado» a creer que son más importantes los bienes que los sentires, y hemos aceptado participar en esa fiesta. Ahora estamos de resaca, en una resaca dura y larga, tratando de evaporar los olores agrios e hidratando la lengua de trapo, pues empezamos a entender que no se trata de esto la vida. Y porque todavía somos lo que éramos y amamos lo que nos hizo, nos vamos acercando poco a poco a ese instinto perdido, que se reactiva con cada noche estrellada y cada tormenta que arrecia.

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Ahora lo que toca es empezar a caminar en una línea que vaya en descenso. Toca bajarnos del carro y salir de la resaca: decrecer, irnos al mínimo. 

El decrecimiento, que no consiste solo en parar de crecer, está esperándonos a la vuelta de la esquina. Disponible para todas las personas, para todas las familias, para todas las niñas y niños que están aprendiendo del hacer y sentir cotidiano, haciendo su propio esquema del mundo a raíz de lo que ven, escuchan y sienten. 

la furgo ayuda a decrecer y despertar

¿Qué es el Despertar del Decrecimiento?

Reducir el almacenamiento de cosas que consideramos cotidianas pero se pasan meses o años en un cajón, evitar los envases de un solo uso, alargar en el tiempo los procesos de elaboración y producción, llevar una vida slow, con más presencia en lo que se hace.

Darnos cuenta de que sí es posible vivir sin algunos bienes y que no pasa nada malo, no es un trastorno. Apostar por una autonomía cada vez mayor. Movernos con los ciclos del sol, sentir los elementos, dormir arrullados por el búho y despertarnos con el rumor del mar.

Darle prioridad a estas cosas es “D.D”.

Coger la furgoneta, irte un viernes o un lunes en busca de tranquilidad y por el camino encontrar una tormenta de entusiasmo por lo que ven tus ojos, es despertar. Hacer esto en vez de meterse en un centro comercial es decrecer.

Sentir latir tu corazón al ver a lo lejos las montañas es despertar. Darte cuenta de que dentro de un espacio pequeño caben cosas mucho más importantes de las que en un principio creías que necesitabas es decrecer.

Maravillarte con las flores que hay en el campo del pueblo o provincia contigua es despertar. Comprar en las tiendas del barrio es decrecer.

Hablar un poco más con el panadero es despertar. Ver oportunidades donde nos habían vendido dificultades es un ejemplo de cómo decirle «chao pescao» a esa “fiesta” en la que hemos estado inmersas. 

Y viajar, desplazarnos, salir de la zona de confort, movernos mucho, física y emocionalmente. Aprender de otras formas, otros modos, charlar con otras personas. Volver a mirar a los niños a los ojos, ponernos a su altura, aprender de su ilusión y entusiasmo y volvernos a hacer un esquema del mundo. Ver la puesta de sol o el amanecer e incluso no fotografiarlo. 

Recoger tu basura sí, tirarla en el contenedor adecuado también, claro; pero tratar de que la bolsa no se llene tan rápido, comprar y cocinar consciente o recoger residuos de los espacios naturales a los que vamos es casi más importante ahora.

Debemos integrar nuevas formas y haceres que nos acerquen a ese latir interno que tienen las noches con hoguera, el estruendo de la cascada, el crujir de la nieve bajo las botas o ese salitre que nos encanta oler. 

La furgo y el despertar del decrecimiento van de la mano

La «vanlife», el furgoneteo te pone frente al “D.D”. Te planta de narices la oportunidad de reflexionarla, de sentirla, de aprenderla, de vivirla y de integrarla; cada uno desde el punto en el que esté, pero asumiendo su parte de responsabilidad común. Si eres de las/los afortunados que son capaces de ver esta puerta abierta (no solo el portón o el maletero) y te animas a recoger la basura de ese aparcamiento, tus ocasos serán más bellos y tu espacio más higiénico. Si te animas a caminar más despacio, por el camino te maravillarás con más detalles. Si consigues hacer compra local y de cercanía, tendrás conversaciones más fructíferas y alimentación más auténtica. Si consigues soltar lastre, vivirás de manera más ligera.

Vamos, que si consigues necesitar menos, conseguirás sentir más. 

Y tú, ¿crees que si decreces despiertas? 

decrecer para despertar

Amante de la naturaleza, viajera empedernida y madre desde hace poco. Expresa sus sentires mediante palabras que a veces acaban siendo textos. Sueña con dar la vuelta al mundo y ser escritora. Actualmente está emprendiendo un estilo de vida nómada con su pareja, el hijo que tienen y una gata peluda y tricolor llamada Lola. "La Gorda", una autocaravana del 89, es su hogar. Tiene sus raíces en un reducto de tierra fértil al norte, Galicia. En su mochila siempre encontrarás una caracola y quizá algún poema perdido.