Viajar a través de la mirada infantil

viajar a través de la mirada infantil

Para viajar a través de la mirada infantil no hace falta mucho. No hace falta irse lejos, ni recorrer demasiadas distancias. Ni siquiera hace falta tener un niño cerca que nos comparta sus sorpresas. Para viajar a través de la mirada infantil, debemos retroceder a hace algunos años, cuando nos maravillaban las cosas que no entraban en los documentales o las guías de viajes, cuando era gracioso un estornudo o emocionante los cambios de estaciones, esa risa floja cuando no era buen momento para reírse o la expectación de encontrarse con amigos del verano pasado. 

En la observación está lo extraordinario, sin juicio ni crítica, sin que nuestra razón ponga etiquetas a lo que vemos, solo dando espacio al sentir. En nuestra infancia desarrollamos nuestra parte más instintiva, que se mezcla con el juego simbólico, la imaginación y el entusiasmo por la vida, de esa manera personalizamos bosques y sentimos los sitios más especiales de lo que racionalmente son. ¿Quién no ha creído alguna vez ver una ninfa en forma de libélula en las remansas aguas de una poza? ¿Quién no ha abrazado un árbol? ¿Quién no ha estado seguro de avistar aletas entre las olas rizadas del mar? 

Viajar a través de la mirada infantil significa sentir curiosidad sobre lo más sencillo, para esquematizar nuestro entorno desde cero. A veces me pregunto en qué momento hemos dejado eso por el camino, en qué momento nos hemos atrevido a desvirtuar la magia y nos hemos arriesgado a perder la parte creativa, la parte de crear mundos nuevos y agarrarnos a la percepción optimista de la vida. 

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Viajar como un niño o niña significa viajar más lento, pero también más rápido, disfrutando en cada momento y viviendo con intensidad lo que se hace, sin importar demasiado el plan o el destino. La aventura de salir del entorno, de la zona conocida es importante en sí misma. Y puede hacerse al ir a la panadería. Lo que antes nos causaba expectación, curiosidad o entusiasmo, con los años se ha cubierto de nombres, etiquetas y atributos; hemos ido esquematizando y encasillando y ahora nos preocupamos y sentimos incertidumbre mezclada con preocupaciones ante lo desconocido. 

viajar con ojos de niño

Aprendo de mi hijo que cada día puede ser una maravillosa aventura, cuando viajamos es él el primero en socializar, él hace las preguntas, él se acerca y saluda con la inocencia del que quiere saber, conocer y explorar. Me doy cuenta de que cada día viaja, aunque no nos movamos de casa, vuela su imaginación y crea mundos con pinzas de la ropa, cojines, palos y piedras. Y nosotros viajamos a través de su mirada y recuperamos la nuestra. El otro día estuvo en la nieve, luego se cogió un xilófono de colores, lo convirtió en un trineo que luego fue un barco y acabó en una isla con piratas. Cuando estamos en la playa, él no solo se da un chapuzón, se baña entre ballenas y tiburones, pues sabe que comparte agua con ellos. Las sandías llenan su boca con una gran sonrisa porque es la alegría de una merienda fresquita y también el recuerdo del frutero que le dice «ahí tienes, ¡rubio salao!». 

Cuando nos subimos en la autocaravana, aunque solo sea para rellenar tanque, echar gasolina o vaciar aguas, nuestro mundo explota más todavía, salen dinosaurios al otro lado de la ventanilla y una loma cualquiera es una gran montaña, los coches que nos pitan por ir despacio a él le ponen contento porque nos saludan y si algo se estropea es muy divertido porque entonces la dinámica del día cambia y nos ponemos a prueba para encontrar soluciones. A mí definitivamente me gusta mucho más su percepción del mundo y juego a entrar en ella, a contagiarme, mezclo lo suyo con lo mío y hacemos mundos a nuestra medida, en lo que es difuso y abstracto, pero también en lo que es material y realista; mezclamos todo y hacemos una buena ensalada. 

A lo largo de los años nos han dicho muchas cosas, nos han puesto muchos límites y hemos hecho caso. Crecemos y nos agarramos a los viajes porque así saciamos nuestra sed de curiosidad y exploración, esa que convive con nosotros practicamente de manera clandestina. Salimos de nuestro día a día y sentimos esa libertad y esa rotura con lo que habitualmente hacemos o «debemos» hacer, con eso que reduccionistamente somos, sin darnos cuenta de que somos también las mil y una posibilidades que alguna vez se nos pasaron por la cabeza. Pero, ¿y si fuese posible no esconder esta sed y usarla para crear lo que algún día quisimos? ¿Y si pudiésemos recuperar lo que fuimos hace años y extrapolarlo a nuestro presente para que nuestra percepción de la realidad fuese diferente? ¿Y si pudiésemos viajar a través de la mirada infantil? ¿Lo intentarías? 

recuperar la mirada infantil

Un ejercicio para recuperar tu mirada infantil

Cierra los ojos y recuerda los sueños que tenías antes. Vuelve a ese sentir tu inocencia y curiosidad, ¿qué te maravillaba? ¿Qué era para ti un viaje? ¿Cómo vivías el salir de tu entorno? ¿Qué límites, resistencias y barreras «ganaste» con los años? ¿Qué te dan los viajes ahora? ¿Cómo son? ¿Qué buscas en ellos? 

Anota todo, sin encasillar tus ideas, sin ponerlas en tela de juicio. déjalo reposar unos días y cuando vuelvas a leerlo, proponte un par de cosas que no quieres volver a perder, un par de cosas que sientas te pueden estar limitando y un par de cosas que quieras alcanzar. 

Este es un buen comienzo para recuperar tu mirada infantil y viajar a través de ella, empezar a extrapolarla a tu día a día y combinarla con tu presente. Las ideas más creativas, esas que con los años nos dijeron que eran las más locas, las que nos hicieron volar alto casi sin movernos, son las que más accionan la coherencia con una misma y las que representan todo lo que se ha dormido con los años. 

Amante de la naturaleza, viajera empedernida y madre desde hace poco. Expresa sus sentires mediante palabras que a veces acaban siendo textos en @babyvanblog. Sueña con dar la vuelta al mundo. Actualmente está emprendiendo un estilo de vida nómada con su pareja, el hijo que tienen y una gata peluda y tricolor llamada Lola. Mientras viaja ofrece sus servicios de escritura, lo que más le gusta es el producto de "Relato Personalizado", indaga en su web para saber más. "La Gorda", una autocaravana del 89, es su hogar.