Tati, la «kombinauta»

La kombinauta

Tati es una amante apasionada de las rutas por carretera en su más álgida expresión. Ingeniera civil de oficio y furgonista de corazón, prefiere que la consideren una ‘kombinauta’, ya que para ella no hay mejor forma de viajar que llevando la casa a cuestas cual caracol.

Tati cree que estudió ingeniería civil sin razón alguna, ya que gracias a sus viajes descubrió su verdadera vocación, la Bioconstrucción. Aún así, esta peculiar furgonista argentina, ama viajar sobre ruedas sin límites y llena sus pupilas de paisajes y, sobre todo, de miradas y sonrisas de los habitantes del mundo. Tras casi una década recorriendo medio mundo en su Volkswagen Kombi, descubrió Asia en los últimos años con una mochila a sus espaldas y un compañero de viaje, de su misma profesión, ecuatoriano y con las mismas ansias de viajar. Desde entonces, juntos han reído y han hecho reír a todos aquellos que se han encontrado a su paso en sus viajes, tanto por su altruismo en proyectos sociales como por otras prácticas donde comparten su felicidad contagiosa. Hoy, afincados en Perú temporalmente, esperan la total restauración de su tesoro más preciado para seguir viajando: la ‘Gorda’, como a Tati le gusta llamarla. 

EL DESCUBRIMIENTO

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Aún en la facultad y con solo 21 años, Tati decidió interrumpir sus estudios de ingeniería civil para fijar su primer destino factible sobre ruedas: viajar desde su ciudad natal, Buenos Aires, hasta Mexico durante un año. Sin embargo, debía convencer a su mejor amiga para que la acompañara y conseguir la autorización de sus padres, lo cual complicaba la tarea, tal y como recuerda Tati: “dos chicas viajando solas en un vehículo por Latinoamérica!, ¡y encima saliendo con tan solo 800 dólares de presupuesto!”. 

Lejos de desistir en su objetivo, al fin logró convencer a todos y obtener la autorización de sus padres. Tati y su mejor amiga ya podían disponerse a empezar su primer viaje en carretera por Latinoamérica. Pensaron que lo mejor sería hacerlo en un vehículo donde poder dormir, así podrían disponer del tiempo necesario en cada pueblo recorrido para llenar el tanque de combustible y rodar hasta el pueblo siguiente. 

No pasaron muchos meses hasta que Tati descubrió su Kombi Volkswagen y, a su vez, el inicio de una nueva vida: “En aquella época no había Facebook, y este tipo de furgonetas no estaban de moda, así que nos pareció el vehículo ideal. Las camionetas viejas se utilizaban para transportar mercadería y eran muy económicas, así que podríamos dormir allí. Además, tienen una mecánica fácil por su gran popularidad en toda Latinoamérica. Era perfecta para nosotras”. 

“LA GORDA”

Cuando “la Gorda” apareció, Tati ya había empezado a amarla. Sabía que su hermosa furgo había sido utilizada como ambulancia siete años atrás, el mismo tiempo que había estado sin funcionar. Un camión la transportó mil kilómetros desde la provincia de Mendoza y, un buen día, llegó por fin a sus manos. 

Cuando la vio, una gran cruz verde y carteles que decían “Medicina Privada” cubrían toda la parte central y los laterales, pero eso poco importó. “Contacté con un mecánico especialista en Kombis cerca de dónde vivía, y esa fue la primera vez que mi amigo Cacho se encargó de mi furgo. Desde ese momento también empezó el inicio de una relación de confianza absoluta. Diez años después, no dejo que nadie más que él toque mi kombi”

Después de algunos arreglos mecánicos necesarios para el viaje, la kombinauta removió junto a un carpintero las guías de la antigua camilla que se encontraba en el interior de la furgo para construir la madera donde iría la cama, así como unos armarios de almacenaje para guardar lo necesario. Por su parte, un chico grafitero del barrio le dibujó unas coloridas flores con aerosol para tapar la pintura de la antigua ambulancia. ‘La Gorda’ ya estaba lista para empezar a rodar. 

Fue así como en febrero de 2007, sin muchos preparativos más, las dos jóvenes amigas iniciaban su primera ruta en carretera y su primera experiencia a bordo, ya que ninguna de las dos había conducido nunca una furgoneta camper, tal y como Tati nos cuenta:  

“Quisimos iniciarnos con una pequeña prueba piloto y arrancamos hacia una playa a menos de 500 kilómetros de distancia, donde mis padres estaban veraneando. Sin embargo, cuando estábamos saliendo de la ciudad, algo pasó y la Kombi se detuvo. Una manguera se había salido del carburador y la gasolina no llegaba al motor. Al darnos cuenta, la reparamos nosotras mismas y continuamos, pero volvió a pasar lo mismo unos kilómetros después, así que tuvimos que llamar a la grúa. Fue una decepción terrible. Si no habíamos podido ni salir de la ciudad, ¿cómo lo haríamos entonces para ir de ruta por Latinoamérica?”.

Cuando la grúa las llevó directamente al taller de su amigo Cacho, Tati recuerda cómo la tristeza dejó paso a la alegría con las carcajadas de ambas al verse haciendo un espontáneo picnic en la furgo mientras esperaban a que su fiel amigo abriera el taller. No querían volver a sus casas porque ya se habían despedido de todos por un año, así que cuando Cacho les arregló el carburador, volvieron a la ruta. Al fin, ese momento fue el real comienzo de un viaje increíble, lleno de hermosas experiencias y (casi) sin más problemas técnicos. 

KOMBINAUTA & CIA

Durante los tres primeros meses de ruta, mientras las chicas aprendían a hacer distintas artesanías a bordo de su furgo para poder sustentarse en el camino, ocurrió algo que para Tati cambiaría el transcurso de su personal viaje sin billete de vuelta. La madre de su amiga enfermó gravemente y, por desgracia y casi de un día para otro, nuestra kombinauta se vio despidiéndose forzosamente de quien le había acompañado en los inicios de su feliz estrenada vida en carretera, la cual aún no pretendía abandonar. Tati decidió seguir viajando sola en su furgo y, al seguir el camino, un nuevo amigo se sumó a estar presente en su experiencia. Así, condujo hasta el norte de Colombia y regresó tiempo después a Buenos Aires, también por tierra, a ultimar sus estudios de ingeniería como una especie de crónica anunciada. Allí estuvo durante un año: “En todo ese tiempo dormí prácticamente todas las noches en la furgo. Era mi hogar. A pesar de que mucha gente me invitaba a ir a su casa, yo prefería que me prestaran solo el baño y así poder dormir en mi casita ambulante. Ese era mi mundo y allí me sentía realmente cómoda. Ni siquiera tenía luz; solamente una cama y unas cuantas velas que me alumbraban”. 

Tati explica que a pesar de haber viajado ya antes como ‘mochilera’, su vida fue un antes y un después a partir de su viaje en Kombi: “Aprendí a vivir con lo básico a la vez que me sentía en mi hogar. Cosas que creía indispensables dejaron de serlo. La gente me veía con mi floreado vehículo y se acercaban a conversar conmigo; así que ‘la Gorda’ me ayudó a ganar millones de amigos allí donde anduviera”.

UNA KOMBINAUTA SIN KOMBI

En su paso por el Ecuador, Tati se enamoró de Javico, un compañero de vida con el que comparte la misma profesión y las mismas ansias de viajar. Desde entonces, ambos han caminado juntos subidos a su furgo en un proyecto ideado por ambos para el blog “Caminando por el globo”. La pareja viaja por todo el mundo, entre otras cosas, enseñando a niños -y que les enseñen- el arte de la globoflexia, tal y como pudieron hacer en Cuba, Paraguay, Turquía, Irán, Pakistán, el Tibet, y los países que quedan por descubrir cada vez que se presente la ocasión. 

Ocho años después y tras muchos kilómetros a cuestas, ‘la Gorda’ dejaría de acompañar a Tati en una decisión nada sencilla, aunque solo por un periodo de tiempo. La pareja decidió dejar su furgo en manos de su amigo Cacho para su restauración total y más tarde partir rumbo a Asia en un fructífero viaje de calles poco transitadas, la mochila al hombro y el pulgar arriba. Visitaron Turquía, Irán, Omán, Pakistán, China, el sudeste Asiático, Myanmar, la India, Nepal y Medio Oriente. Sin embargo, para esta kombinauta no era lo mismo sin su compañera rodante: “Hacer un viaje sin mi Kombi fue un gran desafío porque con ella no extraño tener un lugar propio. Me sentía como un caracolito que había perdido su caparazón”

CURRÍCULUM VIAJERO

No obstante, este viaje permitió el nacimiento de otro de sus proyectos viajeros junto a Javico, en esta ocasión llamado ‘FotoLIBRE’. Consistía en hacer un poco más felices a los que se cruzaban a su paso a través de la fotografía, tal y como Tati explica: “Deseábamos no solo sacar fotos hermosas de la gente, también queríamos dar esas fotos a sus dueños. Llevamos una cámara instantánea Fujifilm y regalamos fotografías a todos aquellos que, probablemente, nunca tuvieron una de ellas decorando sus hogares”. 

Hoy día, tras más de diez años después de aquel primer viaje desde Buenos Aires, Tati y su pareja están  terminando de restaurar “la Gorda” para que quede como nueva y llevarla con ellos a vivir a Ecuador. Tal y como Tati dice, ¿quién sabe si quizá en unos años terminan de recorrer el continente hasta Alaska con nuevos integrantes viajando en el asiento trasero? Por ahora, al menos una nueva kombinauta los acompañará en sus futuros viajes ya que Tati acaba de ser mamá de una niña. 

Lo cierto es que pase lo que pase, esta kombinauta tiene más que claro que allí donde ellos estén estará su furgo, caminando por el globo juntos cada vez que puedan. Esta vez y próximamente, partiendo desde las profundidades de Ecuador y sus alrededores. Estaremos pendientes.