La Great Ocean Road australiana en furgo

Escribe: Ángel Valverde

Durante mi estancia en Melbourne (Australia), hice uno de los viajes más increíbles de mi vida: una ruta por la Great Ocean Road australiana en furgo. Para empezar, tuve que sacarme la licencia de conducir internacional, por la que tuve que pagar unos 60 AUD (dólares australianos). Después, acostumbrarme a conducir por el lado opuesto. A través de una app alquilamos una furgo antigua, pero bastante útil cuando no tienes prisa, sois tres amigos y lleváis una tienda de campaña bastante grande.

Anglesea

Arrancamos desde Melbourne y, como en Australia las distancias son muy largas y las carreteras tienen un límite de 100km/h, paramos en Anglesea a practicar un poco de surf. Fuimos con calma, bien temprano a una ría perfecta cercana al pueblo para hacer kayaking. Sin tener mucha idea, conseguimos cabalgar alguna ola.

Inicio de la Great Ocean Road

Esa misma mañana llegamos al Memorial Arch de la Great Ocean Road. Este monuento marca el inicio de la famosa carretera yes el mayor homenaje a las víctimas de la Primera Guerra Mundial. Pasamos por Lorne y Apollo Bay, famosos por sus playas también para surfear y también por ser zona habitual para nadar con focas. Cerca de Apollo Bay encontramos un camping donde montar nuestra tienda de campaña cerca de un río, con un tippi como insignia.

Las Triplet Falls

A una amiga italiana le habían dicho que hacia el interior había un bosque tropical con unas cascadas muy bonitas. Pero en medio de un bosque tropical no hay mucha cobertura y el GPS a veces falla. Nos equivocamos de camino y fuimos por uno mas tortuoso. Susto que nos llevamos cuando un pequeño canguro saltó de la espesura y se cruzó por delante. Luego me enteré que a los canguros de esta especie se les llaman Wallabies, parientes hermanos de los canguros.

Conseguimos llegar a las cascadas a través de un verdadero bosque tropical. En el pasado se talaban los enormes árboles (de más de 200años), pero hoy solo quedan vestigios de aquello y la naturaleza poco a poco reclama su espacio. También era zona de ornitorrincos, me hizo gracia saber que la palabra en inglés es Platypus. Y al final conseguimos ver las Triplet Falls.

Hacia el Cabo Otway National Park

De camino hacia el Cabo Otway, recorrimos el Great Otway National Park. Es una gran reserva de eucaliptos y por consiguiente de sus gracioso habitantes, los koalas. Al principio no eran fáciles de distinguir, la mayoría viven en lo alto, son grises como los troncos de los eucaliptos y no se mueven. Por eso se tiran 20-22 horas durmiendo. Pero a veces alguno, baja hasta el suelo para cambiar de árbol y tu estás ahí para verlo. Después de ver a los koalas, llegamos al faro Otway, que se puede visitar pagando unos 20 AUD. No está mal visitar el que fue el faro más importante de Australia y antigua estación de telégrafo.

Los 12 apóstoles

Siguiendo nuestro camino, llegamos por la tarde a una de las costas más famosas de Australia: la conocida como los 12 apóstoles. Son formaciones rocosas que hace muchos años terminaban el acantilado y que el océano ha erosionado hasta dejar 12 islotes verticales. Tienen forma de pequeñas columnas de tierra y en sus laterales se pueden ver millones de años de capas de tierra perfectamente paralelas a la superficie del mar. He de decir que yo conté 9 apóstoles. En el futuro no existirán.

Un poco más al este está una de las playas mas espectaculares, en forma de herradura y rodeada de paredes verticales. No es recomendable bañarse porque se juntan fuertes corrientes, que actúan de embudo y te succionan hacia el océano. Pero merece la pena meter los pies en el agua y pasear por la arena. Finalmente llegamos al puerto marítimo de Port Campbell.

Siempre recordaré aquella noche. Sin contaminación lumínica, alejados de ciudades, sin nubes, pude contemplar el disco entero de la Vía Láctea.

Esa noche dormimos en un camping cercano a las Grampians Mountains, famoso porque puedes ver canguros. Y allí estaban, a escasos 20 metros de la zona de acampada, los encontrabas pastando. Lo que no sabíamos es que por la noche se metían en la zona de las tiendas para rebuscar en busca de comida.

He de decir que esta noche siempre la guardaré en la retina. Sin ninguna contaminación lumínica, alejados de grandes ciudades, sin nubes, pude contemplar el disco entero de la Vía Láctea. Es tal cual sale en las fotos de las revistas. Pero tenerlo allí, ante tus ojos, con esos colores negros morados y azules, tanta luz sin luna, tantas nebulosas y estrellas, simplemente me recordó lo pequeños que somos en comparación con el espacio .

Grampians Mountains

El último día fuimos a las Grampians Mountains. Allí están las pinturas rupestres de los aborígenes con tiene paisajes espectaculares y donde te puedes perder por sus estrechos corredores. Sus formaciones rocosas a veces recordaban a nubes. Es una zona preciosa para pasear, y es también zona de cascadas. Aunque fuimos a ver una de ellas, la época del año no era la adecuada y lo que en primavera sería una cascada imponente, en ese momento solo era un pequeño hilo de agua. También es una zona donde van los escaladores.

De regreso a Melbourne, ya cansados y agotados tuvimos una última sorpresa. Dos emues se nos cruzaron con la buena suerte de que se quedaron cerca y pudimos hacerles unas fotos. Nunca había visto a estas aves, y verlas tan grandes y en libertad la primera vez fue toda una experiencia. Como todo el viaje.