Coronavirus Makers y la solidaridad furgonetera en tiempos de crisis

3d makers coronavirus campervan

La crisis social y sanitaria que estamos viviendo como consecuencia de esta pandemia, está dejando a la luz el lado más oscuro de muchos y el más brillante de otros. En medio del caos que vivimos estos días, de la incertidumbre y de la tristeza, han surgido iniciativas ciudadanas que nos demuestran que, aunque nadie vaya a cambiar el mundo solo, cada uno tiene la elección de hacer de su trocito un lugar mejor o no.

En tan solo tres semanas, han nacido y se han organizado a velocidad asombrosa redes de solidaridad entre vecinos que se hacen la compra unos a otros, redes de acogida para animales cuyos humanos no pueden hacerse cargo de ellos, aplicaciones que conectan a personas del barrio que necesitan ayuda con otros que se la pueden ofrecer, fábricas improvisadas de materiales sanitarios y de protección, mapas donde gente con un terreno disponible lo pone a disposición de nómadas que no tienen donde aparcar sus casas rodantes durante la cuarentena y tantos otros gestos a pequeña escala de los que ni siquiera sabremos.

En el mundo cámper,  son varias las empresas que han puesto sus instalaciones y recursos al servicio de iniciativas solidarias, como la de Coronavirus Makers.

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¿Qué es Coronavirus Makers?

«Todo empezó con un grupo de Telegram», explica Nuria de Fab Lab León. El 13 de marzo, cuando se declaró el estado de alarma, cuatro makers crearon este grupo para poner en común conocimientos, ideas y posibles soluciones. Cuatro días después, el grupo Coronavirus Makers contaba con más de 1500 integrantes, entre los que se encuentran expertos en medicina, biotecnología, impresión 3D y diseño industrial, entre otras disciplinas. Y rápidamente se organizaron para poner en marcha más de 50 proyectos diferentes, aprovechando la tecnología de la impresión 3D.

El principal de estos proyectos es la creación de pantallas protectoras que luego distribuyen a hospitales, farmacias, residencias… «Hay diferentes modelos de visera, que hemos ido mejorando a base de ensayo y error ya que cada impresora es distinta», relata Nuria. «Estamos todos los makers haciendo viseras en nuestras casas, pero aún así la producción es limitada, ya que lleva entre una y dos horas y media hacer un par«, continúa. «En Makers León estamos produciendo unas 300 diarias».

Cuando Tino, de Camperiza-t, conoció esta iniciativa, no dudó un momento en poner sus máquinas de impresión 3D y sus instalaciones al servicio de la causa. Además de ponerse a producir pantallas protectoras, vio que podían usar Camperiza-t como almacén para centralizar la producción y distribución de las mismas en León. «Al principio, cada maker trabajaba en su casa y cuando tenía un mínimo de 10 pantallas, llamaba a la policía o a protección civil para que pasaran a recogerlas. Pero el feedback de los centros sanitarios es que no llegaban. Así que pensamos que podíamos hacerlo mejor y contactamos con la subdelegación del gobierno. Tuvimos que hacer un protocolo de recogida y entrega con medidas de seguridad súper minucioso, después contactamos con salud laboral y con los responsables de atención primaria. A día de hoy llevamos entregadas ya más de 1600 viseras que sabemos que llegan directas a la persona que las necesita. Hemos abastecido ya al hospital de León y al de San Isidro y estamos contactando con farmacias, residencias, etc. Digamos que lo que hemos hecho ha sido organizar mejor la logística. ¡Pero lo que es impresionante es el trabajo y la coordinación de todos los makers!», relata Tino.

Desde Sevilla, Uro-camper también ha convertido su taller en fábrica en máscaras protectoras. E incluso han dejado en su página web las guías de fabricación para que quien disponga de la maquinaria y quiera sumarse a la iniciativa solo tenga que descargarse un PDF. En Barcelona, está Wolf Camper trabajando contrarreloj para ayudar a paliar la falta de materiales.

«De todas formas, lo nuestro en un granito de arena que no va a solucionar el problema», apostilla Nuria. «No somos grandes factorías y estamos limitados por la falta de materiales ya que no se producen aquí», continúa. Por eso, ambos aprovechan para hacer un llamamiento a consumir local, a crear local, a aprovechar esta crisis como motor de cambio de una economía globalizada a una local. «¿Imaginas que a esta crisis se le suma una crisis de transporte?», reflexiona Nuria. Diego, de SOS León (donde recibe donaciones de material sanitario y de protección que luego, con el presidente del colegio de enfermería examinan, clasifican, recogen y entregan al hospital), agrega otro motivo para transitar hacia esa economía local: la huella ecológica. «Estamos comprando a 14000 km de distancia porque es donde se produce. Este transporte de mercancía tiene un impacto ambiental enorme».

«Así que, cuando todo esto pase, viajemos por España y consumamos en el pequeño comercio», termina Tino. Y nosotros añadimos que, cuando todo esto pase, no se nos olvide quién hizo qué y elijamos con conciencia y con consciencia qué apoyamos con nuestro dinero.