La ruta más salvaje por la Asturias rural: Parte 2

Muchos dijeron que las segundas partes nunca fueron buenas pero creo que eso es relativo ya que, en este caso, se trata de continuar hacia delante sin mirar atrás. Tomad asiento y seguid leyendo porque la ruta más salvaje por la Asturias rural desemboca en el mar visitando las localidades portuarias con mayor encanto de esta región. Un inmenso caudal de diversión, playas salvajes y psicodrama a raudales sobre cuatro ruedas.

La parte primera de este relato termina en Saliencia, en pleno corazón de Somiedo (si no habéis tenido la oportunidad de leerla os la dejo en este link), para continuar la ruta hacia la zona costera, en concreto: Cudillero. Sí, ya sé que dije que huiría del mainstream asturiano pero esta localidad tiene un encanto especial.

Durante el trayecto se aprecia elegante la transición de la zona interior hacia un área sin tanto desnivel donde la conducción se vuelve mucho más cómoda, al menos para mi motor atmosférico. Atravieso lentamente los hermosos valles y desfiladeros en compañía de los ríos Pigüeña, Narcea y Nalón que parecen escoltarme hasta mi siguiente destino. A pesar de que la orografía me era favorable tuve algún que otro pequeño incidente con el embrague. Pero bueno, estaba tranquilo ya que en caso de tragedia hubiera optado por alquilar una furgo de VIAJAenFURGO (que se ubica en Asturias) para continuar mi camino.

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Cudillero el Cinque Terre español

Es posible que no os suene la localidad italiana de Cinque Terre pero sí mucho más la película de animación de Disney Luca. Pues bien, ese largometraje está inspirado en ese pueblo costero italiano y, queridos amigos, nada tiene que envidiarle a Cudillero. De hecho, ambos guardan muchas similitudes.

El acceso a Cudillero se realiza a través de una rampa con una prominente pendiente descendiente y que nos deja en la zona portuaria del municipio. Es posible que nada más llegar os sintáis atraídos por el parking junto al rompeolas que hay a la entrada, mas es igual de bello que de peligroso ya que, en días de fuertes vientos y oleaje puede que, además de agua, las olas proyecten restos de las rocas contra la furgo. Por ello, dejad de ser influencers por un ratito y aparcad en la siguiente zona que se encuentra a escasos 100 metros. Es un punto igual de bello para hacerse fotos, de hecho desde ahí podemos ver Cudillero y está más cerca para recorrer la ciudad y de nuevo subirnos a la furgo.

¿Qué podemos ver en Cudillero?

Pues en unas 2-3 horitas podéis hacer el recorrido de los miradores de la Atalaya y el Pico desde donde podremos divisar Cudillero en todo su esplendor, visitar el faro, ver el anfiteatro (que es así como se denomina a todas las viviendas que se encuentran custodiando la localidad) y disfrutar de un agradable aperitivo y comida en la plaza de la Marina con vistas al puerto. 

Con Cudillero marcado en mi agenda de visitas me dispongo a visitar la playa de la Cadavedo de modo que tomo mi montura y recorro los escasos kilómetros que me separan de tan idílica playa. Aquí es donde comienza el segundo drama, que no el último, de este viaje.  Por el camino me recreo con el paisaje y aprovecho para tomar fotos de la ermita La Fabariega (Tablizo).

Playa de Cadavedo y la Ermita de la Regalina

El acceso a esta playa es fácil, como en casi todas, recorriendo una estrecha carretera en pendiente descendente. Al llegar nos encontramos con dos áreas de aparcamiento, una de ellas limitada para vehículos de más de 5,5 metros de longitud de modo que, si lleváis campers de tamaño pequeño o mediano podéis aparcar en la zona más cercana a la playa. Sobre esta última cabe destacar que es de piedra y tiene un acceso, un tanto particular, que nos lleva a la ermita de la Regalina.

Cuando digo particular me refiero a una cuerda en la que nos agarramos para ir subiendo la empinada ladera con el fin de alcanzar en su cumbre la ermita de la Regalina. Una vez que llegamos ahí, las vistas son impresionantes. Desde ella se divisa la propia playa de Cadavedo (en la parte derecha), el Islote de los Cuervos (a la derecha en la playa de Cadavedo), la punta de Cuerno (justo tras la ermita) y la playa de Chourin (a la izquierda).

Os prometo que ese lugar tiene algo. De hecho me senté durante unos minutos en un banco simplemente a ver las olas del mar y a desconectar. Tras este momento de introspección volví a la playa de Cadavedo recorriendo el mismo camino y organicé un pequeño picnic playero aprovechando que el tiempo respetaba mis intenciones.

Playa de Campiechos

Tras un sueño reparador (lo necesitaba a raíz de ese ascenso a la ermita de La Regalina y una copiosa comida playera) parto en dirección a la playa de Campiechos preciosa, sí, pero con una endiablada pendiente descendiente y con una escasa y casi inexistente zona para aparcar. Más allá de esta queja del primer mundo, la playa es una auténtica pasada y, como dato a tener en cuenta, podemos ir con nuestros perros.

¿Qué necesitas saber antes de visitar la playa? Pues básicamente que es de piedra y que hay que visitarla cuando la marea está baja, es decir, preferiblemente en las mañanas ya que sino, no podréis ver las grutas y arcos como le pasó a un servidor. La belleza de esta playa está a la altura de la de las Catedrales pero en versión mini.

Disfrutado el magnífico atardecer que nos brinda esta playa, continúo la ruta en dirección a la siguiente localidad portuaria con encanto: Puerto de Vega no sin antes hacer un alto en el camino en Cadavedo donde descubrí el bar ‘El Casino de Cadavedo’. No sabría explicarlo pero fue pasar por delante de esa gran casona rehabilitada y decir: “aquí tengo que parar”. Y no me equivocaba, me tomé un café en un lugar con un encanto especial mientras podía escuchar a Iván Ferreiro y otros grandes éxitos de la vieja guardia indie española.

Puerto de Vega

Hemos de llegar hasta su puerto, zona habilitada para la pernocta, si lo que queremos es pasar la noche escuchando el ocioso bullicio del mar. Sobre la localidad cabe destacar su construcción alrededor del puerto custodiado por lo que queda de su fortificación, erigida para repeler las incursiones de las naves británicas, la iglesia y lonja que se encuentran las cercanías. No obstante y, dadas las horas de mi llegada, opté por cenar algo en el Bar Chicote, taberna especializada en todo lo que venga del mar. También tienen unos callos que huelen a gloria bendita. Certificado. Pero no sería el único restaurante que visitara en mi paso por Puerto de Vega, pero de eso os hablaré dentro de unos párrafos.

Playas salvajes y otro puerto para el recuerdo

Amanezco con esa sensación del que sabe que es su último día en la tierra. Bueno, matizo, en esa tierra, ya que tenía que volver a casa. Lo primero que hice, además de desayunar y comprobar que la calefacción de propano no funcionaba, fue buscar una zona donde poder llenar y vaciar los depósitos y ahí la fortuna estaba de mi lado puesto que, a escasos kilómetros, se encuentra el área de servicios gratuita de Navia.

Por el camino aproveché para hacer una fugaz visita a la playa de Frejulfe la cual dispone de tres parkings donde, en al menos dos de ellos, podemos pernoctar con vehículos de un tamaño mayor de 5,5 metros. Es apta para el baño y tiene varios caminos que recorren los alrededores por una impresionante zona de acantilados.

Saliendo de Navia, a pocos kilómetros, me topo con la Playa de Pormenade, correspondiente a la localidad de El Franco. Esta ubicación cuenta con un parking de tamaño medio donde podemos estar un máximo de 48 horas y en época estival abre un chiringuito playero y unos baños públicos junto a unos merenderos adyacentes. En cuanto a la playa cabe indicar que es bastante pequeña y de piedra, como es habitual en esta zona, pero no por ello menos bella.

Continuando el camino mi ruta pasa por el puerto de Viavélez, muy similar al de Puerto de Vega, tanto por construcción como por el encanto de sus casas ubicadas a modo de anfiteatro y el cual podemos divisar en todo su esplendor desde los dos miradores situados en la parte más alta de este pequeño pueblo.

Y por último, visito la playa de Porcías. Sobre esta se haya un parking con merendero  pero donde no se puede pernoctar ya que el aparcamiento queda limitado de 9 de la mañana a 11 de la noche, de modo que vuelvo a Puerto de Vega para pasar mi última noche de este intenso viaje.

A modo de despedida me di un homenaje que recomiendo a todos: una visita a la Sidrería Jorge para degustar su exquisita caldereta de marisco y pescados. Este plato es una inmensa olla que bien puede alimentar a cuatro personas, por lo que si vais en pareja seguramente tengáis dos excelsas raciones para el día siguiente.

Ya con la noche encima, el estómago lleno y con una incesante lluvia que no dejaba de caer a modo de despedida me dirijo hacia mi autocaravana para pasar mi última noche de este tour. En la cama y arropado hasta las cejas hago un breve repaso de todo lo que han visto mis ojos en este viaje y, citando uno de los grandes temas de Iván Ferreiro “una inquietud persigue mi alma”: ¿Cuál será mi próximo destino? 

Furgos, guitarras y libros. En ese orden. Periodista y amante de la vida nómada a lomos de una Ducato Bürstner del 91. Puedes leer todos sus artículos aquí y darte una vuelta por @ducatopop en Instagram y Youtube para ver todo lo que está tramando. ¡Larga vida al nomadismo ilustrado!