Ruta por la Costa Brava: tras la estela de Barbarroja

Cañones en la ruta por la Costa Brava

Un artículo escrito por Raquel Guillén de Viajando con Perros.

Pocos nombres han inspirado tanto horror como el del temido corsario Barbarroja. Un almirante turco del s. XVI quien, gracias a un acuerdo entre el rey Francia y el sultán otomano, saqueó y destruyó muchos pueblos costeros del Mediterráneo. Pese a las leyendas que envuelven la piratería, el legado de terror infundido por los hermanos Barbarroja y los piratas sarracenos fue real. Prueba de ello son las muchas construcciones de defensa apostadas a lo largo del litoral de la Costa Brava: las torres de moro.

RUTA POR LA COSTA BRAVA: ¡HAY MOROS EN LA COSTA!

La estela de crueldad de los hermanos Barbarroja salpicó todo el Mediterráneo. La psicosis que  producía ver sus naves en el horizonte era suficiente para vaciar pueblos enteros. Tanto era el miedo que, a día de hoy, aún persisten expresiones que lo referencian: ¡hay moros en la costa!

Nuestra ruta por la Costa Brava empieza en Cadaqués, un viernes 5 de octubre de 1543 a las 17 h de la tarde. Salah Rais, lugarteniente de Barbarroja, desembarcó en esta pequeña población ampurdanesa.

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El acceso a Cadaqués por carretera es solo por la GI-614. Este pequeño pueblo de pescadores es un atractivo destino para los amantes de las leyendas y las largas carreteras zigzagueantes. Un paisaje inhóspito moldeado por la proximidad de los Pirineos y el Mediterráneo. Cadaqués aparece tras nuestra ventanilla como una perla blanca, rodeada por el intenso azul turquesa de la Costa Brava. Nuestra recomendación es que aparques  la furgoneta en uno de los par4nigth o furgoperfectos para poder caminar por sus calles y admirar la bella bahía.

Dejando a un lado el romanticismo con el que el cine ha envuelto la piratería, el desembarco de los corsarios otomanos en Cadaqués provocó graves daños. La quema de la iglesia de Santa María de Cadaqués y su saqueo fue uno de los más importantes. El casco antiguo y el Castillo de San Jaime, junto a la ruta por el camino de ronda hasta el Faro de Cala Nans, dan una imagen perfecta de cómo la población se adaptó y repelió la piratería a lo largo de los siglos.

Palamós en la ruta por la Costa Brava

UNA PARADA OBLIGADA EN LA RUTA POR LA COSTA BRAVA: LAS ISLAS MEDAS

Amanecemos con los primeros rayos de Sol de la península y, al igual que los corsarios de Barbarroja, ponemos rumbo a las Islas Medas, no sin antes desviarnos hacia Portlligat para visitar la Casa Museo de Salvador Dalí.

Nuestro próximo destino es Rosas. En esta antigua colonia griega, los ataques eran tan frecuentes que la ciudad entera tuvo que cambiar su fisonomía para sobrevivir. Los sistemas de defensa de Rosas tienen su máxima representación en: La Ciudadela de Rosas, el Faro de la Trinidad y la Torre de Vigilancia del Cap Norfeu. Todos ellos visitables.

¡Aviso a navegantes! Cuidado en el Cap de Norfeu, las leyendas cobran vida. Algunos visitantes aseguran haber escuchado la lira de Orfeo en sus acantilados. Los mismos vientos que han moldeado el paisaje se arremolinan en la pequeña península de Norfeu silbando melodías, capaces de atraer a los más incautos.

Con el sol encima de nuestra furgoneta, abandonamos Rosas y su bahía en dirección a l’Estartit. Nuestra próxima parada en el GPS es el park4night  (calle de la Devesa nº 44, 17258 Torroella de Montgrí). Sin dejar de admirar el mar, empezamos a ver una fortificación a lo lejos. La silueta del Castillo de Montgrí y el perfil de las montañas recrea la imagen de una figura tumbada con los pies hacia el mar. Esta fortificación militar del s.XIII se puede visitar. Las rutas de senderismo que llevan a la cima ofrecen una panorámica espectacular de toda la zona.

La brújula y los vientos nos llevan al pequeño archipiélago de las Islas Medas. Este enclave estratégico, en nuestra ruta por la Costa Brava, fue desde un puerto seguro para comerciantes hasta sede de sanguinarios piratas. Para proteger la costa de los continuos ataques, en el s.XIV se empezaron las obras de la construcción de un monasterio. El monasterio de Sant Miquel de las Medas, perteneciente a la orden de caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén, solo puede ser visitado haciendo submarinismo. En 1552, debido al hundimiento de una parte de la isla, los restos del monasterio, quemado y saqueado por los sarracenos con anterioridad, quedaron sumergidos.

Las Islas Medas forman parte del parque natural del Montgrí, Illes Medes y Baix Ter. Varias empresas organizan excursiones a las islas en barcos con el fondo acristalado, en lancha o, incluso, en kayak. Practicar submarinismo en esta reserva natural es una de las mejores formas de utilizar esa cámara deportiva, comprada de forma compulsiva en el primeday, que permanece aún guardada en su envoltorio. Pero, para aquellos marineros de agua dulce, las vistas desde el paseo del espigón de Garbí, del paseo del Molinet y su punta también sirven para llenar de fotografías, con hashtags irreverentes y aventureros, nuestros perfiles. Pues ¡quién es capaz de resistirse a vivir una aventura pirata!

Siguiendo la estela de Barbarroja por la Costa Brava

LA DESTRUCCIÓN DE PALAMÓS A MANOS DE LOS CORSARIOS DE BARBARROJA

Seguimos la ruta por la Costa Brava guiados por el fuego de las almenas. Desde l’Estartit, Pals, Begur, Palafrugell todas las torres de vigía arden en señal de peligro. Como waypoints en Google Maps, seguimos el litoral de la Costa Brava para terminar en Palamós.

El domingo 7 de octubre de 1543, la villa de Palamós sufrió el ataque de los corsarios de Barbarroja. La flota de 20 galeras y 3 fustas arrasó la ciudad. Prueba de ello es el testimonio del notario Antich Brugarol. El documento notarial se conserva en fondo documental del Servicio de Archivo Municipal de Palamós.

Esta ruta por la Costa Brava termina en la calle del Perill, Palamós. En esta calle es por donde accedieron los corsarios al interior de la villa. Los cañonazos abrieron un paso en la muralla en este punto. La destrucción causada, tanto por la artillería como el asalto, el saqueo y la quema de la barriada de San Juan de Palamós fue de tal envergadura que su recuperación tardó décadas.

Desde la Playa Grande de Palamós, mejor hacia el lado de Sant Antoni de Calonge porque es dogfriendly, podemos recrear en nuestra imaginación lo que sintieron aquellos pescadores, al ver en su bahía las imponentes galeras turcas. Y, si el mar está embravecido, escuchar el estruendo de los cañones impactar contra las murallas. El rojo de las llamas devorándolo todo y los gritos de dolor y desesperación que causaban los piratas, lo dejamos, mejor, para las películas de la factoría Disney.

Cala Salaguer en la Costa Brava